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mayo 2020

Crisis, conflictos y oportunidades

By | Covid19 | No Comments

Es por todos conocido, sobre todo tras la situación vivida en el 2008, que las crisis traen con ellas múltiples conflictos.

Estos conflictos tienen su origen en diferentes causas:

  • escasez de recursos (humanos, económicos, técnicos)
  • falta de información para poder tomar decisiones o actuar
  • carencia de normas que regulen situaciones excepcionales
  • dificultad de interpretación y aplicación de normas ya existentes para esas situaciones totalmente nuevas
  • existencia de intereses individuales percibidos como diferentes e  incompatibles
  • problemas de relación que surgen entre personas debido al estrés, incertidumbre y miedo al que estamos sometidos en situación de crisis
  • etc…

Sin embargo, también es por todos conocido, que las crisis generan oportunidades…

Si nos fijamos en las organizaciones, los conflictos pueden aportar aspectos positivos: aumento del rendimiento y la motivación, e incluso mayor cohesión en los equipos. Puede suponer un reto a las capacidades personales y del equipo, y convertirse en una gran fuente de oportunidades, fomentando la innovación y la creatividad y permitiendo la transformación y el cambio.

Desde este punto de vista, analizando el impacto que los conflictos pueden tener en nuestra organización, podemos decir que aquellos conflictos que se manejan adecuadamente pueden contribuir al funcionamiento y desarrollo de la empresa. Son los conflictos que denominamos funcionales.

Algunas de las ventajas que presentan los conflictos funcionales para la organización son:

  • Promueven el pensamiento divergente y la innovación a causa de la pluralidad de puntos de vista que se producen. Las normas, las reglas y los procedimientos formales pueden logar la coordinación, la cohesión y también la uniformidad, pero no promueven la flexibilidad ni la innovación
  • Aumenta la calidad en la toma de decisiones. La expresión de puntos de vista alternativos es un componente esencial de una buena toma de decisiones
  • Mejora el rendimiento
  • Es el motor del cambio tanto en su aspecto político y económico como social y tecnológico, al modificar la estructura actual de poder, los patrones de interacción y las actitudes arraigadas entre sus miembros.
  • Define un grupo frente a otros y contribuye a establecer la propia identidad personal y grupal
  • Promueve la cohesión e integración del equipo ante un conflicto con otro y otros grupos. Esto es así, pero no debemos perder de vista el perjuicio que puede suponer la hostilidad entre grupos. Si no está controlada, puede perjudicar gravemente aquellas tareas en las que es necesaria la coordinación dentro de la organización
  • Induce la creación de asociaciones y la formación de coaliciones

En la otra cara de la moneda, aquellas empresas y organizaciones que no gestionan de manera adecuada sus conflictos, se crean dificultades que pueden afectar a los resultados y a la supervivencia de la empresa. Hablamos en este caso, de conflictos disfuncionales y van asociados al potencial negativo que tiene todo conflicto. Algunas de las consecuencias que estos conflictos disfuncionales tienen en la organización son:

  • Los coste personales, grupales y sociales que generan tanto a nivel emocional como económico
  • La comunicación entre las personas de la organización se reduce y se hace más insegura. Los canales de comunicación no se usan o se utilizan para intimidar al otro
  • Se estimula la idea de que la solución es una cuestión de fuerza. Ambas partes en conflicto tratan de aumentar a su favor la diferencia de poder
  • Se forma una actitud hostil y sospechosa que agranda las diferencias y disminuye la conciencia de las similitudes. Las normas de relación interpersonal se vuelven inaplicables y cada cual se comporta con el otro de modo ultrajante
  • Se producen juicios erróneos basados en falsas percepciones, tanto respecto del oponente como de uno mismo. Estas falsas percepciones son debidas entro otras causas a la necesidad de congruencia cognitiva, conformidad social a la intensificación del propio conflicto, etc
  • Alto potencial desintegrador. Hay estructuras organizativas o grupales en las que no hay tolerancia al conflicto y su presencia acaba con el equipo
  • La experiencia del conflicto es vivida como algo negativo. Las personas se sienten incomodas cuando surgen diferencias. Donde quiera que exista un conflicto, surge inmediatamente la motivación para reducirlo. Esto se debe a que el conflicto altera el equilibrio entre lo que se da y se percibe, y los miembros participantes prefieren la solución del conflicto a cualquier otra

La gestión de la crisis, dentro de la cual se encuentran los conflictos, va a ser esencial para garantizar la continuidad de muchas empresas. Urge, que las personas que lideran las organizaciones desarrollen competencias personales en materia de gestión de conflictos para convertirlos en un motor que actúe como fuente del cambio y de superación.

Este liderazgo, unido al desarrollo e implantación de procesos y herramientas de gestión positiva de conflictos, sin duda, facilitará el arduo camino que parece que van a tener que recorrer las empresas tras el covid-19.

 

 

Amaya Sanz Oricain

Abogada y mediadora

Socia de Mediación Navarra

La confianza en época de crisis

By | Covid19 | No Comments

El diccionario dice que la confianza es la “esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea”

Parece que la confianza es una cuestión de fe, que tiene que ver con la elaboración de hipótesis acerca de la conducta futura de alguien.

Pero la confianza es fundamental en las relaciones. Tiene un peso específico brutal en la amistad, en el trabajo, en la convivencia y por supuesto en las relaciones afectivas y de amor.

La confianza es necesaria en nuestra vida. Todos debemos tener en quien confiar. Queremos tener personas a nuestro lado en las que confiar y a las que resultar confiables. De hecho, una de las causas que más debilita la salud de las personas y más propicia la inestabilidad emocional y psicológica, es la falta de bases seguras, de áreas de seguridad, de apegos fundamentados en relaciones de confianza mutua.

La confianza puede ser personal, pero también puede ser social. Vivimos en comunidad. Tenemos un orden social integrado por instituciones y estamentos que tienen que ser dignos siempre, pero ahora más que nunca, de nuestra confianza: nuestro sistema de salud, el sistema judicial, nuestros políticos, el sistema educativo, etc…

Esta confianza social está resultando crucial, ahora que tenemos un estado de alarma y estamos confinados en nuestras casas (incluso aunque estemos iniciando la desescalada). Esa expectativa de buen funcionamiento de nuestro sistema social es fundamental para no sentirnos vulnerables y que el miedo se apodere de nosotros. Confianza en los médicos, enfermeras y todos los que trabajan por nuestra salud, en los cuerpos de seguridad que además de hacer su trabajo cantan y aplauden a los que estamos en casa, en esas nuevas relaciones que estamos haciendo de balcón a balcón, en la heroicidad de nuestros niños que día tras día se quedan en casa y no dejan de hacer sus tareas, en nosotros, trabajadores que nunca creímos que el teletrabajo era posible……y mucho, mucho, ¡muchísimo más!

No perdamos la confianza en nosotros y en nuestros semejantes. Forjemos nuestra imagen al mundo en la que los demás perciban que somos personas confiables, porque ahora que estamos en crisis, transmitir nuestra confianza en nosotros, en nuestro entorno y en nuestra sociedad, puede ser la mayor y mejor contribución que podemos hacer.

Todos sabemos que la confianza cuesta ganársela y se pierde muy fácilmente, así que cuidémosla con información, transparencia y respeto. Ahora es tiempo de confiar. De creer que quienes están a nuestro alrededor también confían en nosotros y así todos, cada uno desde nuestro sitio, estar unidos en esa confianza mutua.

Como dice la canción más escuchada estos días, resistiré y resistiremos todos y en esa comunión de confianzas nos sostendremos y sobreviviremos

Animo a tod@s!

Maite Ruiz Aquerreta

Psicóloga y Mediadora

Socia de Mediación Navarra

La nueva conciliación familiar y laboral

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Hoy me gustaría compartir una realidad personal pero que compartimos muchos de los que tenemos hijos pequeños.

Desde la declaración del estado de alarma, (en nuestro caso desde un día antes, que el miedo se nos apoderó y decidimos no llevar a nuestro hijo al cole), nos está tocando, convivir en espacio y tiempo padres con hijos, jornadas laborales con jornadas escolares, ejercer de padres-hijos y de profes-alumnos….

En nuestro caso, trabajamos los dos. En los primeros 15 días de estado de alarma o más o menos hasta después de semana santa, nos organizamos. Los lunes, cuando llegaban todas las tareas y actividades semanales era un poco caótico, pero cuando ya lo teníamos mas o menos claro, éramos capaces de estar organizados diariamente unas 2-3 horas en donde teníamos algo de tiempo para atender a clientes, hablar con colaboradores, organizar los trabajos que habían quedado pendientes, etc. recurriendo en alguna que otra ocasión  al trabajo a turnos, es decir, uno trabaja a la mañana y el otro a la tarde.

Desde el anuncio de una posible desescalada, en donde paulatinamente se iba a ir reactivando la actividad económica y laboral, las cosas empezaron a complicarse.

De momento, podemos seguir organizándonos a través del teletrabajo. Pero el volumen de trabajo ha aumentado.  Trabajar 4-5 horas al día es del todo insuficiente. Comienza a tensionarse el tema. En mi caso además, en breve comenzará la atención presencial a los clientes con sesiones de mediación en el despacho…….

Y es que, si hay que volver a trabajar presencialmente pero los niños no tienen cole, ¿que hacemos? El recurso habitual de los abuelos ahora mismo no es viable. Tampoco parece que vayan a existir alternativas, como los campamentos urbanos. ¿Y el del teletrabajo? ¿Es posible que un solo adulto pueda estar encerrado en una habitación teletrabajando durante 6-8 horas, mientras niños de 10, 7, 5 o 3 años están pululando por casa?

Hay que volver a organizarse. Si la conciliación y el cuidado de los hijos siempre es un tema controvertido en la pareja, motivo de muchas discusiones y de generación de esa sensación de desequilibro entre uno y otro, ahora abordar esta situación no va a estar exenta de dificultades.

Para las parejas divorciadas con hijos, probablemente sea más complicado aún, ya que los cambios en las medidas reguladoras del divorcio, en este caso con motivo de la organización del cuidado de los hijos, suelen abrir heridas, rencillas, historias que estaban en la base del divorcio y que resurgen incluso con más intensidad.

A todas estas situaciones a nivel familiar, se añaden las situaciones que se pueden generar a nivel laboral. Habrá que ver las posibilidades reales que cada uno pueda tener para adaptar su situación personal con su trabajo, si la labor profesional que desempeña se lo permite, y si la empresa posibilita la adopción de medidas individuales de conciliación. Habrá que negociarlas.

Probablemente estas medidas individuales, puedan impactar también en las relaciones entre compañeros de trabajo, surgiendo la sensación de trato desigual, sobrecarga de tareas de unos compañeros frente a otros, desequilibro y en definitiva una necesidad de reconocimiento que está en la base de muchos conflictos organizacionales, que impactan en al ambiente laboral y finalmente en la productividad.

La era de la “nueva normalidad”, nos trae una nueva realidad en materia de conciliación. Un reto al que enfrentarnos lleno de dificultades, al que la mediación puede dar una solución, ágil, real y satisfactoria para todos

Amaya Sanz Oricain

Abogada y mediadora

Socia de Mediación Navarra

Nueva era

By | Covid19 | No Comments

En la historia de la humanidad el hombre ha transitado por diferentes épocas que los historiadores han ido nombrando: Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media y Edad Contemporánea. El paso de una a otra ha estado marcado por acontecimientos cuyo impacto en el hombre ha supuesto una evolución o cambio en la percepción de sí mismo y del mundo.

La prehistoria termina e inicia la edad antigua cuando surge la escritura. Pasamos a la edad media con la caída del imperio romano y no entraremos en la edad moderna hasta el descubrimiento de América. La edad moderna abarca desde el siglo XV hasta la Revolución francesa y desde el siglo XIX hasta ahora, estamos en la edad contemporánea.

Sí que parece que el desarrollo de las nuevas tecnologías, las actuales formas de comunicación y por supuesto la aparición de Internet nos coloca en otra era de la humanidad a la que los científicos e historiadores pondrán nombre.

Pero lo que yo me planteo y me gustaría recoger en este post, es acerca del impacto de esta pandemia en nosotros. ¿Es tal que nos va a hacer surgir ante una nueva era de la humanidad? Ya oímos hablar de la “nueva normalidad”, parece que vamos recuperando algo que perdimos con la llegada del virus, pero todo apunta a que no va a ser lo mismo.

El impacto de la pandemia va desde la crisis sanitaria, a la económica, pasando por la social o la educativa y va dejando en nosotros esa sensación de cambio o de evolución (para los más resistentes a los cambios) a la que habrá que adaptarse mas pronto que tarde para no quedarnos fuera de juego.

Ayer salía a pasear y ¡qué sensación más extraña! Caminas por la calle sin rumbo, porque el objetivo no es ir a ningún sitio, solo despejar la cabeza y te cruzas por la acera con tus vecinos que también han salido solo a pasear sin más objetivo que pasar un rato. Y ya empezamos a percibir esa “nueva normalidad”.  Creo que esa sensación extraña es compartida….  Siento que yo y todos, somos figurantes de una película de ciencia ficción/terror en la que todos tenemos ese papel, el de paseantes sin rumbo. Y el guion es claro: no dejar de cumplir con las instrucciones para proteger a los demás y protegernos así todos del claro protagonista de la película (que con lo que está durando, esto parece una serie ¡y con varias temporadas!)

Nuestras relaciones, son diferentes. Nuestros miedos, crecen y se multiplican.

Y ¿nuestros conflictos? Algunos serán como eran, pero aparecerán otros. Las crisis y los cambios son caldo de cultivo adecuado para que surjan y crezcan conflictos.

Espero y deseo, que este hombre postmoderno en esta “nueva normalidad” sepa apreciar su propia capacidad para intervenir y tomar decisiones sobre sus problemas, con la misma responsabilidad con la que está actuando a diario, y decida utilizar la mediación como recurso para solucionarlos, en lugar de acudir al juzgado. Si es así, una nueva gestión de conflictos se sumará al cambio de era de la humanidad.

El tiempo dirá.

 

Maite Ruiz Aquerreta

Psicóloga y Mediadora

Socia de Mediación Navarra